Comenzar por el principio

Cuando llegué a Madrid desde mi andalucía natal, dos fueron las cosas que más me llamaron la atención:

  • Todo parecía estár más ordenado. Mi primera impresión fue que la gente aparcaba mejor, no había demasiados coches en doble fila, y, lo más importante: todos se pegaban a la derecha en las escaleras mecánicas para dejar pasar a quienes tenían más prisa.
  • El transporte público funcionaba con regularidad.

La conclusión del primer punto es que, al menos aparentemente, la gente era consciente de que no tenía ningún derecho a marcarle el ritmo a los demás. Más que la manida frase “en Madrid todo el mundo tiene prisa”, la que me salía a mi era “en Madrid la gente es más respetuosa”. Con el tiempo descubrí, para mi desgracia, que también hay coches en doble fila, pero esa es otra historia.

En cuanto al segundo, la regularidad del transporte público, para mi fue una revolución. Una vez conseguí cogerle el tranquillo, podía calcular sin demasiado riesgo de equivocarme, cuanto tiempo me iba a tomar llegar a mi destino.

En las primeras citas, salía de casa con más tiempo del que necesitaba. Esto hacía que la mayoría de las veces, llegara con demasiada anticipación. Poco a poco, fui ajustando mis tiempos hasta que conseguí adecuarlos y ser puntual. Recuerdo algún comentario acerca de mi proverbial puntualidad siendo andalúz (¡Ay, los prejuicios!).

Os cuento todo esto para recalcar una cuestión fundamental a la hora de gestionar adecuadamente nuestra agenda: tenemos que ser conscientes de cuanto de nuestro tiempo va a ocupar una tarea concreta, cuanto tiempo necesitaremos para desplazarnos, tanto a la ida como a la vuelta, cuando sea necesario y, algo que solemos olvidar: qué probabilidad hay de que algo salga mal y no terminemos a la hora esperada.Paulatinamente, los calendarios digitales han ido sustituyendo a nuestras antiguas agendas o dietarios. Suelo utilizar los de Apple y Google, y hablaré de ellos en alguna ocasión, pero, en general, todos nos ofrecen una funcionalidad que sobrepasa, con creces, la que nos podían proporcionar nuestras agendas de papel.

Hayamos decidido o no aprovechar la potencia de los nuevos calendarios digitales, deberíamos quedarnos con una idea fundamental: las agendas son una magnífica herramienta de gestión y no deberíamos renunciar a su uso, sobre todo ahora, que no tenemos que esperar a que un proveedor o un cliente nos regale una, y no tenemos que pasar nuestros datos y las direcciones y teléfonos de nuestros clientes a la nueva.

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